BRETT Y TCA
Los dos 'venenos' del vino moderno
Cómo se ha puesto esto del vino moderno: ya no nos basta
con saber que está criado en barricas nuevas de roble del
Allier (¿por qué siempre Allier y no Tronçais,
Nièvre, Vosgos o Châtillonnais, nos preguntamos?)
y que son 5.000 de vellón, muchas gracias. Ahora tenemos
que adentrarnos en arcanos como el "TCA" y el "brett",
que van apareciendo tímidamente (muchas bodegas querrían
que no fuesen mencionados jamás) en la prensa especializada.
¡Vaya por Dios! El vino moderno tiene sus virtudes y sus
defectos. No es que estos últimos sean privativos de los
vinos actuales, pero hay que reconocer que se han multiplicado.
Señalemos aquí esos dos -dos contaminaciones, en
realidad- que hoy preocupan mucho.
El TCA es el 2,4,6-tricloroanisole, compuesto químico que
como algún pariente suyo menos frecuente (como el TeCA
o tetracloroanisole) es el causante de los desagradables olores
de corcho que, de hecho, son generalmente transmitidos a través
de los tapones, receptáculo ideal y cada día más
frecuentemente contaminado. (¿Por qué? ¿Por
la utilización de productos químicos? ¿Porque
se está quitando corteza a los alcornoques con demasiada
frecuencia, ante la demanda? Misterios...).
Pero si el TCA se ha hecho tristemente famoso en los últimos
años no es por los corchos: es por el descubrimiento de
que ese olor mohoso (que suele llevar aparejada una acritud sin
remedio del vino) se transmite desde otras muchas superficies:
los jaulones de madera tratados químicamente en los que
se colocan las botellas, las paredes de las bodegas, las barricas
usadas y ya contaminadas... Justamente la compra en Burdeos de
barricas usadas, práctica habitual en la Rioja, nos trasladó
la feroz epidemia de TCA que, allá, arrasó (sin
que dijeran una palabra hasta que estuvo arreglado el problema)
casas como Château Canon. Y aquí han sido una verdadera
legión las afectadas; a veces, muy gravemente.
De aquí vamos al brett, diminutivo del género Brettanomyces
de levaduras (es decir, de hongos microscópicos; también
llamado Dekkera, sobre todo en Francia) que colonizan con facilidad
las bodegas. Son los causantes del olor y el sabor definidos,
según los casos, como animal, metálico o a cuadra,
que pueden agregar complejidad a un vino en pequeñas dosis,
pero que pronto lo hacen intolerable: entre sudoroso y sucio.
Las fermentaciones a muy alta temperatura de los tintos modernos
invitan al brett, como también lo hace la renuncia al uso
de azufre en la vinificación. Pero, en general, este defecto
nace de una falta de higiene general en las instalaciones de elaboración
y por ello se refiere más a los vinos de bodegas tradicionales
que a los más modernos.
Mucho cuidado con estos dos venenos. Nos arruinan el placer.
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