Las bacterias del vino



BACTERIAS DEL VINO

Tecnologías de producción La presencia de aminas biógenas en el vinoLas aminas biógenas inducen efectos fisiológicos que pueden ser moderadamente graves y manifestarse como un cuadro alérgico 5 de abril de 2005 | Bibliografía JOSÉ JUAN RODRÍGUEZ JEREZ La presencia de aminas biógenas en alimentos fermentados y curados es habitual. Las consecuencias fisiológicas pueden ser contraproducentes. Lo mismo ocurre con las condiciones organolépticas, puesto que un exceso de estas sustancias en alimentos de alto perfil sensorial, como el vino, pueden verse alteradas.



Del vino sabemos que es mucho más que agua coloreada con etanol. También sabemos que cuanto más rico es, mayor es el volumen de precursores que contiene y, en consecuencia, más grande es el riesgo potencial de que presente aminas biógenas. Su presencia, además de alterar las características organolépticas del vino y, por extensión, de otros productos como los alimentos curados, puede causar problemas de salud. En efecto, las aminas biógenas vasoactivas inducen efectos fisiológicos que pueden ser moderadamente graves y manifestarse como un cuadro alérgico: vasoconstricción periférica, incremento del gasto cardiaco y la respiración, aumento de la glucemia y liberación del neurotransmisor noradrenalina. Dado que las aminas biógenas que no proceden de la dieta, las que se generan en el organismo cumplen importantes funciones en los sistemas nervioso y vascular. En condiciones normales, el organismo dispone de herramientas para eliminarlas en caso de acumulación y cuando han terminado su función específica. Y lo hace a través del enzima monoaminooxidasa (MAO) que actúa en diferentes sistemas del organismo. En general, su presencia en cantidades mayores a los límites recomendados resulta preocupante, ya que se ha visto que estas moléculas, en particular la histamina, pueden causar cefaleas y otros síntomas alérgicos, como diarreas, palpitaciones, sarpullidos y vómitos. Además, hay indicios experimentales de que algunas aminas biógenas como la cadaverina, la putrescina, la espermina y la tiramina pueden potenciar el efecto tóxico de la histamina. Por tanto, estamos ante un problema de seguridad alimentaria que es preciso considerar en todos sus aspectos. Y para ello, hay que ir a la raíz del problema, al origen de las aminas biógenas en los alimentos fermentados y curados, para saber dónde actuar para prevenir o tratar su presencia. Aminas en vinos
Hoy en día es posible conocer cuáles y cuántos microorganismos hay en el vino de manera rápida y fiable



La mayoría de vinos tintos y algunos vinos blancos se someten a una fermentación maloláctica que cataliza la conversión de malato en lactato. Es la degradación bioquímica de uno de los ácidos más abundantes en el vino por parte de bacterias que lo transforman en láctico. Esta fermentación puede producirse espontáneamente, pero es recomendable inducirla, seleccionando el momento y el inóculo apropiados si se desea obtener un producto de calidad. En el caso de los aminoácidos (que aparecen en el vino procedentes del mosto o de las etapas prefermentativas y en la fermentación alcohólica), la acción bacteriana genera aminas biógenas. La selección de la cepa láctica es, pues, un criterio importante a la hora de prevenir la formación de estas aminas. Otros, como las condiciones de fermentación o los procesos de vinificación, son también decisivos. No obstante, para actuar contra su formación, es útil prestar atención a una serie de consejos: · Evitar los inóculos de levaduras para facilitar la fermentación maloláctica, ya que podrían estar contaminados con bacterias que favoreciesen su aparición. · Efectuar la fermentación maloláctica con la especie de bacteria láctica Leuconostoc oenos; sólo así se asegura su ausencia. · Sulfitar directamente tras la fermentación maloláctica, impidiendo así la actividad bacteriana. · La crianza en toneles presenta un cierto riesgo a este respecto. · Mantener unas condiciones higiénicas impecables en la bodega para excluir microorganismos indeseables. Influencia organoléptica Un consumidor bien informado acerca de posibles problemas fermentativos en la vinificación, es capaz de detectar defectos organolépticos presentes en el vino, asociados a ciertos compuestos químicos originados por una fermentación maloláctica sin control, como es el caso de la putrescina y la cadaverina. De hecho, en pruebas organolépticas comparativas entre consumidores expertos y catadores profesionales, se ha demostrado que los descriptores empleados y elegidos de forma libre para definir los defectos encontrados en los vinos son similares y concordantes a los empleados por un catador profesional, aunque con menor agudeza sensorial y con menor frecuencia de detección. Los consumidores habituales de vino, cuando son sometidos a una disciplina de cata, concentrándose en las sensaciones olfativas percibidas, son capaces de discriminar y distinguir entre vinos correctos y vinos defectuosos por la presencia de los compuestos añadidos, encontrándose aromas impropios causados por problemas microbianos que pueden hacer aumentar la presencia de aminas biógenas volátiles. Estos defectos organolépticos se pueden evitar ejerciendo un control de la fermentación maloláctica del vino. Este control puede efectuarse mediante la inoculación de una bacteria seleccionada que evite la presencia de contaminantes y manteniendo unas condiciones higiénico-sanitarias adecuadas en bodega durante la elaboración y conservación del vino. Formación de aminas en vinos La síntesis de aminas biógenas supone la coincidencia de tres factores diferentes: la existencia de precursores (aminoácidos); la presencia de bacterias lácticas con la actividad descarboxilasa correspondiente; y la concurrencia de las condiciones ambientales adecuadas. La existencia de aminoácidos se encuentra cualitativa y cuantitativamente ligada a las materias primas y a la tecnología de vinificación. Para empezar, depende lógicamente de la concentración inicial en el mosto y está en función de la variedad de uva, del momento de la vendimia, del estado de maduración de la uva, entre otros factores de producción. Un segundo origen puede estar en la adición de nutrientes en forma de aminoácidos o de nitrógeno inorgánico utilizado por las levaduras para su producción. La maceración del mosto con piel y semilla de la uva permite la transferencia de más compuestos nitrogenados a la fracción líquida, tanto más cuanto más larga e intensa es la maceración. Esta transferencia se incrementa en el momento del prensado. La adición de pectinasas y proteasas también aumenta la concentración de aminoácidos. Cuando hay lisis de microorganismos, especialmente de las levaduras, hay una liberación de proteínas, péptidos y aminoácidos tanto más importante como intensa es la lisis. Finalmente, la crianza sobre lías acaba por redondear el escenario de las situaciones que originan la presencia de aminoácidos libres en el vino. El segundo factor mencionado al principio es la presencia de los microorganismos con actividades descarboxilásicas adecuadas. Los que contribuyen en mayor medida son las bacterias lácticas, pero de manera diferente. En cuanto a la histamina, Oenococcus ovni es la especie con un porcentaje más alto de cepas que poseen el gen hdc, codificante para la histidina descarboxilasa y catalizador de la síntesis de histamina (aproximadamente un 80% de las cepas). Afortunadamente, estas cepas suelen tener actividades de histidina descarboxilasa bajas y no aumentan demasiado la cantidad de histamina en el vino. Raramente producen más de 5 mg/L en el vino. Por el contrario, Pediococcus parvulus y Lactobacillus hilgardii (16 y 27% de cepas productoras de histamina, respectivamente) pueden producir entre 40 y 50 mg/L en el vino. Algunos lactobacilos, o incluso leuconostocs, también pueden producir cantidades intermedias de histamina. En relación con la tiramina, tenemos una situación similar, a excepción de no encontrarse cepas de O. ovni productoras de tiramina. Un 78% de cepas de Lactobacillus brevis producen tiramina, y un 25% de L. hilgardii. Se ha visto, además, que existe una correlación entre la síntesis de tiramina y feniletilamina, quizá porque el mismo enzima cataliza ambas actividades. Por lo que refiere a la putrescina, esta es la amina biógena más abundante, pero también se ha observado que hay una notable producción por parte de la vid, de modo que en mosto ya se puede encontrar en cantidades significativas. En ocasiones, también se produce síntesis microbiana, pero no es tan habitual.

GENES Y METABOLISMO





Hoy en día es posible conocer cuáles y cuántos microorganismos hay en el vino de manera rápida y fiable. A la vez, puede detectarse la presencia de los genes responsables de la síntesis de aminas biógenas codificantes para las descarboxilasas responsables de la síntesis de histamina y tiramina. En este sentido, hay una perfecta correlación entre las técnicas de detección de los genes y la detección de la actividad metabólica correspondiente: si una bacteria es positiva por la presencia de un gen, es más que probable que vaya a producir la amina correspondiente en mayor o menor cantidad. Así, podemos saber qué bacterias lácticas de un mosto o un vino son peligrosas y en qué cantidad se encuentran. Con las bacterias lácticas también se puede hace algo que, empíricamente, ya se conoce: inocular los mostos o vinos con cultivos iniciadores seleccionados. Por un lado, tendremos la seguridad que la bacteria introducida de nuevo es segura, con buenas propiedades y que no va a producir compuestos indeseables. Por el otro, por competencia ecológica, puede reducir sensiblemente el crecimiento de la población bacteriana autóctona menguando el peligro potencial que las bacterias lácticas peligrosas puedan crecer y producir aminas biógenas. Para reducir esta población indígena también se pueden aplicar sistemas químicos y físicos: precipitar, decantar, centrifugar, filtrar, sulfitar, etc. De hecho, es una práctica habitual corregir los niveles de azufre de un vino al final de la fermentación alcohólica, y después inocular con cultivos de bacterias lácticas seleccionadas para desarrollar la maloláctica: controlamos de este modo la población bacteriana y la reemplazamos por el microorganismo que nos interesa. Queda un tercer factor por analizar: el efecto de las condiciones ambientales y la relación de éstas con las prácticas enológicas. Variables como la adición de dióxido de azufre, valor del pH, temperatura, condiciones nutricionales y ambientales, entran en este apartado. La existencia de condiciones favorables para el metabolismo bacteriano y un ambiente con cantidades considerables de aminoácidos, como ya se ha mencionado, favorecerá lógicamente la síntesis de aminas biógenas. Por ejemplo, un pH elevado en el vino potencia el crecimiento de las bacterias lácticas y la síntesis de aminas biógenas; también hay una correlación directa entre producción de aminas biógenas en el vino y niveles de pH elevados. Finalmente, hay que considerar otra cuestión tecnológicamente importante. Se ha demostrado que las descarboxilasas pueden continuar activas en el vino incluso cuando la bacteria está muerta. ¿Qué significa esto? Muy sencillo: aunque matemos a las bacterias lácticas, incluso con dióxido de azufre, los enzimas pueden seguir sintetizando aminas biógenas. Por tanto, las actuaciones más inmediatas y fiables deben basarse en medidas activas que eviten la aparición de aminas biógenas. Así, se evitará alterar la calidad del vino una vez terminado. Si no se puede impedir la presencia de precursores, lo mejor es controlar las condiciones, eliminar la microbiota autóctona e inocular un cultivo seleccionado y seguro.

Bibliografía

· Ferrer, S.; Pardo. I. 2005. Prevenció de l'aparició d'amines biògenes en vins. ACE Revista d'Enologia. 70:6-8. · Woller, R. 2005. Amines biògenes: presencia en el vi i efectes en l'organisme. ACE Revista d'Enologia. 70:9-13. · Palacios, A. y cols. 2005. Influència organoléptica de les amines biògenes produïdes durant la fermentació malolàctica del vi. ACE Revista d'Enologia. 70:14-20.

OBJETIVOS
1. Realizar una tinción simple de bacterias procedentes de distintas muestras naturales. 2. Realizar dos tipos de fijaciones bacterianas y saber en qué casos se recomienda una u otra. 3. Observar la morfología bacteriana y aprender a distinguir los distintos tipos de agrupaciones que existen. 4. Practicar con el microscopio al máximo aumento y con el correcto empleo del aceite de inmersión.
MATERIAL
· Mechero Bunsen o de alcohol · Asa de siembra o aguja enmangada · Pinzas · Portaobjetos · Muestras bacterianas de origen natural: yogur, vinagre, sarro dental, suelo, etc. · Colorantes para tinción:a) Solución de cristal violeta al 1%b) Solución de safranina al 0,5%c) Azul de metileno al 1% · Microscopio y aceite de inmersión

BACTERIAS DEL YOGUR
El yogur es un producto lácteo producido por la fermentación natural de la leche. A escala industrial se realiza la fermentación añadiendo a la leche dosis del 3-4% de una asociación de dos cepas bacterianas: el Streptococcus termophilus, poco productor de ácido, pero muy aromático, y el Lactobacillus bulgaricus, muy acidificante. En esta preparación se podrán, por tanto, observar dos morfologías bacterianas distintas (cocos y bacilos) y un tipo de agrupación (estreptococos, cocos en cadenas arrosariadas). Además, el tamaño del lactobacilo (unos 30µm de longitud) facilita la observación aunque no se tenga mucha práctica con el enfoque del microscopio.
1. Realizar el frotis disolviendo una mínima porción de yogur en una pequeña gota de agua.
2. Fijar con metanol para eliminar parte de la grasa.
3. Teñir con un colorante cualquiera de los arriba indicados durante 1-2 minutos.
4. Observar al máximo aumento del microscopio.
BACTERIAS DEL VINAGRE
El vinagre es una solución acuosa rica en ácido acético resultante de la fermentación espontánea del vino o de bebidas alcohólicas de baja graduación. La acetificación del vino es producida por bacterias aeróbicas del ácido acético, principalmente Acetobacter aceti, aunque también Gluconobacter. Se trata de bacilos rectos con flagelos polares.
1. Tomar con una aguja enmangada una pequeña porción de madre de vinagre natural o de la telilla que se forma sobre la superficie de los vinos agriado.
2. Extender la muestra en el portaobjetos con una gota de agua y hacer el frotis.
3. Dejar secar y fijar con calor.
4. Teñir 2-3 minutos, lavar el exceso de colorante y secar.
BACTERIAS DEL SARRO DENTAL
El sarro dental es un depósito consistente y adherente localizado sobre el esmalte de los dientes. Está constituido principalmente por restos proteicos, sales minerales y bacterias junto con sus productos metabólicos. La flora bacteriana de la cavidad bucal es muy variable dependiendo de las condiciones que se den en el momento de hacer la preparación, pero suelen abundar bacterias saprófitas, pudiéndose observar gran variedad de morfologías: espiroquetas, cocobacilos, diplococos y bacilos.
1. Con una aguja enmangada tomar una pequeña porción de sarro dental y disolverla en una gota de agua sobre el portaobjetos.
2. Dejar secar y fijar con calor.
3. Teñir 2-3 minutos, lavar el exceso de colorante y secar.
BACTERIAS DEL SUELO
La variedad de bacterias que pueden aparecer en una muestra de suelo es prácticamente infinita, muchas de ellas no cultivables en los laboratorios y algunas, incluso, desconocidas para los microbiólogos. Para recoger la muestra y hacer el frotis basta con dejar parcialmente enterrado en vertical un portaobjetos en la tierra de una maceta o de un jardín. Después de varios días, las bacterias se habrán adherido al vidrio y sólo habrá que fijarlas por calor y teñirlas con un colorante cualquiera. Previamente hay que limpiar los bordes del portaobjetos, así como la parte que no se va a teñir.

Foto de distintos tipos de morfología bacteriana (x1500)
www.joseacortes.com


Práctica en formato Word 2003: obsbacterias.zip (33Kb)


Defectos y alteraciones en el vino




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Como producto biológico el vino puede verse afectado por distintas enfermedades y, además, en su proceso de creación pueden cometerse errores que conducen a la creación de claros defectos en los vinos, ya sea en su color, aromas o gusto. Principales defectos Como defectos se han considerado aquí aquellos vinos que aún no sufriendo alteraciones en sus componentes químicos, presentan aromas desagradables, difíciles de eliminar. Aromas a azumagados, hongos: pueden deberse a uvas que no estando en buen estado han sido vinificadas, por ejemplo afectadas de podredumbre gris. Otros precursos para estos aromas son los recipientes que no han sido bien lavados y crían hongos. Aromas a madera sucia: fermentación o guarda en maderas viejas o no bien aseadas. Aromas a SO2: el exceso en el uso del sulfuroso, que se puede traducir en aromas que recuerdan a los huevos en mal estado, puede con cierto margen eliminarse con aireación y trasvasije del vino. Maderización: se produce por la rápida oxidación de un vino con pérdida de color y adquisición de un sabor rancio. Puede prevenirse con correcto uso de SO2. Problemas de enturbamiento Se trata de alteraciones en la limpidez y brillo de los vinos que testimonian graves modificaciones químicas y biológicas de un vino. Precipitación de tartratos: aunque es un fenómeno relativamente normal, dado que se trata de sales que se forman debido a las bajas temperaturas, hoy es poco frecuente pues se somete a los vinos (blancos) a la llamada estabilización por frío. Precipitación de calcio: puede ocurrir en algunos vinos blancos, pero habitualmente se previene en la etapa de la clarificación. Quiebras metálicas y de color: se trata de un fenómeno por el cual algunos metales (hierro, cobre) precipita y arrastra a particulas responsables de color, desnaturalizando al vino. quiebra oxidásica: se debe a la presencia de polifenoloxidasas en las uvas afectadas de podredumbre. Los vinos blancos se tornan color café con leche y los tintos pierden antocianas y se vuelven color chocolate. quiebra férrica: exceso de hierro que se combina con el oxígeno y adquiere su forma trivalente para luego precipitar y alterar el color. quiebra cúprica o cuprosa: afecta a los vinos blancos embotellados, debido al exceso de cobre. No altera el gusto, pero sedimenta y genera posos. ----- Publicidad-----
Enfermedades Cuando en los vinos hay alteraciones fundamentales debido a la acción de microrganismos se habla propiamente de enfermedades. Las más importantes son: Picado acético: también llamado avinagramiento o acescencia es provocado por el ataque de las bacterias acéticas, especialmente del género Acetobacter, que están presentes en todo el proceso de vinificación, pues forman parte de la micloflara de la uva. Sólo desaparecen cuando hay condiciones anaeróbicas, de ausencia total de aire, es decir una vez el vino embotellado. Las bacterias, cuando hay suficiente oxígeno, atacan el alcohol del vino, que transforman en ácido acético, de final de boca áspero y agrio. Sin embargo, el olor característico del "picado" se debe al acetato de etilo, éster volátil de gusto ardiente y olor penetrante, que se forma junto al acético. Flor: no es común ni muy grave, pero puede predisponer a la picadura u otras enfermedades. Es provocada por la acción de la levadura Candida mycoderma, de respiración muy intensa, que oxida el alcohol en acetaldehído y también los ácidos orgánicos. Tras su acción el vino huele a acetaldehído, adquiere sabor soso y acuoso por pérdida de acidez y alcohol Alteraciones lácticas: son enfermedades graves donde las bacterias lácticas atacan a la totalidad del vino y no sólo a su superficie. Por su acción el vino se pone magro, aumenta su acidez volátil, muchas veces su color se apaga y sabe insípido; está enfermo. Las alteraciones lácticas más comunes son: La vuelta: se debe a la fermentación, total o parcial, del ácido tártrico o tartárico del vino formando ácidos láctico y acético y gas carbónico. El vino pierde acidez fija y gana volátil, y por tanto se vuelve insípido y flojo. El Ph asciende y el color se enturbia. Fermentación del glicerol: corresponde al amargor de los vinos, pero en la vinificación moderna es muy difícil que aparezca. Ataca a los vinos de poco grado y el amargor se debe a la formación de acroleína. Picado láctico: se produce cuando las bacterias lácticas atacan los azúcares, especialmente cuando una fermentación está paralizada a altas temperaturas. También se llama fermentación manítica porque va acompañada de una fermentación del manitol, que a su vez se produce por la fermentación de la fructosa. Su percepción es agridulce. La grasa: se llama también enfermedad de los vinos ahilados. No es propiamente una enfermedad, sino una manifestación anómala de la maloláctica por la acción del Bacillus viscosus que produce una sustancia mucilaginosa, la dextrosa, que agrupa a la bacterias y da al vino una consistencia aceitosa. Brettanomyces: la presencia de esta levadura de descomposición no se considera en los textos clásicos como enfermedad, pero su presencia en exceso hace que se considere a los vinos como "infectados" con fuertes aromas que se describen como establo, manta de caballo, perro mojado, alquitrán, cuero y ratón. Fuente: soloellas.comNota: Las páginas se abrirán en una nueva ventana.Los enlaces a los sitios no implican un reconocimiento por parte de Soloellas.com

Para la foto de la histamina

Estructura química de la histamina (fotografia: Pan y James 1985).

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